Der Wolpertinger und der Kobold

Jetzt auf Deutsch!

Bild von ‘The Fir Tree’, von H.C. Andersen.

Es war einmal ein Wolpertinger, der in den Wäldern Bayerns lebte. Er kauerte neben einer kleinen Tanne und weinte. Ein vorbeigehender Kobold fragte ihn warum er weinte. Der Wolpertinger sagte ihm, dass er traurig sei, denn er habe Geburtstag und es regnet.

“Ich mag keine Geburtstage im Winter. Alles ist traurig und braun”, sagte der Wolpertinger, wedelte kurz mit seiner rosane Nase und senkte traurig seinen geweihten Kopf. Um ihn aufzumunten, zeigte der Kobold auf einen Regenbogen, der plötzlich zu sehen war. “Bedenke”, sagte er mit schriller Stimme “ein Regenbogen ist erst zu sehen, wenn es regnet. Finden Sie nicht auch, dass das ein sehr schöner Anblick ist?“

“Ja, okey, es ist wahr”, sagte der Wolpertinger und bewunderte den Regenbogen, der einen vollen Bogen über den Wald spannte und zugleich doppelt war.

Der Wolpertinger wischte sich die Tränen an der Tanne ab, an der sie glimmernd hängen blieben, trotzdem hatte er immer noch eine traurige Miene. Deshalb setzte sich der Kobold neben ihm auf einen Felsen und sagte:

“Wussten Sie, wenn man alle Zahlen seines Alters zusammenzählt bekommt man eine Zahl, die magisch ist?” “Sagen Sie mir, wie alt sind Sie?”

“Das sage Ich Ihnen nicht”, antwortete der Wolpertinger plötzlich schüchtern und mürrisch.

Der Kobold seufzte, erhob sich von seinem Felsen und ging zum Regenbogen. Er greifte mit seinen beiden kleinen Händen nach beiden Regenbögen und kehrte mit 14 bunten Kerzen zurück zu dem Wolpertinger.

“Hier! Tun Sie diese Kerzen auf Ihren Geburtstagskuchen, zünden Sie diese an und bevor Sie diese auspusten, wünschen Sie sich etwas! Ich versichere Ihnen, dass all Ihre Wünsche in Erfüllung gehen werden, denn es ist Ihr Geburtstag. Ausserdem ist es eine besondere Zeit, in der Weihnachten zur Erde zurückkehrt. Dies macht diesen Tag zu etwas Einzigartigem. Vergessen Sie nie, dass alle Geburtstage immer eine Quelle der Hoffnung und Begeisterung sind.”

Der Wolpertinger zählte die Kerzen und fragte erstaunt den Kobold:

“Woher wussten Sie wie alt ich bin?” Darauf antwortete der Kobold:

“Ihr Blick verrät es. Ihre Augen sind die Augen der Weisheit.”

Der Wolpertinger war sehr glücklich und umarmte den Kobold, mit seinen Beinen und mit seinen Flügeln. “Ich danke Ihnen, mein Freund. Es wäre mir eine Ehre, wenn Sie meinen Geburtstag mit mir feiern würden. Aber sagen Sie mir, haben Sie keine Angst vor mir?” – sagte er lächelnd.

Der Kobold antwortete: “Ich weiß nicht, wovon Sie sprechen. Alles was ich sehe, ist ein nettes Kaninchen.”

So feierte er seinen Geburtstag mit dem Kobold an der strahlenden Tanne. Weihnachten stand vor der Tür.

El Wolpertinger y el Duende

Érase una vez, un Wolpertinger que vivía en los bosques de Baviera, cerca de Taubensee. El Wolpertinger estaba encogido al lado de un pequeño abeto, llorando. Entonces un duende que pasaba por allí le preguntó por qué lloraba. El Wolpertinger le dijo que estaba triste porque era su cumpleaños y estaba lloviendo.

‘No me gusta cumplir años en invierno. Todo está muy triste y de color marrón o blanco.’ dijo el Wolpertinger, moviendo su nariz rosada y bajando con tristeza su cabeza astada.

Entonces para animarlo el duende le señaló el arcoíris que acababa de salir.

‘Ten en cuenta ‘, dijo con voz chillona, ‘que para que salga el arcoíris primero tiene que llover. ¿No te parece un espectáculo de lo más hermoso? ‘

‘Vale sí, es verdad.’ dijo el Wolpertinger, admirando el arcoíris, que trazaba una curva completa sobre el bosque y además era doble.

El Wolpertinger se secó las lágrimas en el abeto, en donde se quedaron brillando. Sin embargo, seguía teniendo un aire tristón, por lo que el duende se sentó a su lado en una roca y le dijo:

‘¿Sabías que si sumas todas las cifras del número de años que cumples, el número que obtengas es mágico? Dime, ¿cuántos años cumples?’

‘No te lo digo.’ dijo el Wolpertinger, repentinamente tímido y huraño.

El duende suspiró, se bajó de su roca y se acercó al arcoíris. Pasó sus manitas por ambos arcos, y volvió con el Wolpertinger llevando consigo catorce velitas de colores.

‘Toma. Pon esto en tu pastel de cumpleaños, enciéndelas y antes de soplarlas, pide un deseo por cada una de ellas. Te aseguro que se cumplirán, porque es tu cumpleaños y además ésta es una época muy especial, en la que el viejo Yule regresa al mundo. Esto hace, pues, que este día sea algo extraordinario.  Además, nunca olvides que todos los cumpleaños son siempre motivo de esperanza e ilusión.’

El Wolpertinger contó las velas y, asombrado, le preguntó al duende:

‘¿Cómo lo has sabido?’

A lo que el duende respondió:

‘Tu mirada te delata. Tus ojos son los ojos de la sabiduría.’

El Wolpertinger se puso muy contento y abrazó al duende, con patas y alas. Entonces le hizo una última pregunta:

‘Gracias, amigo. Me sentiría muy honrado si festejases conmigo mi cumpleaños. Pero dime, ¿No te doy miedo?’, dijo, con una sonrisilla en la que se entreveían sus colmillos.

Y el duende respondió:

‘No sé de qué me hablas. Yo sólo veo un lindo conejo.’

Y el Wolpertinger celebró su cumpleaños con el duende, con una gran tarta, las velas de colores y muchas luces, al lado del abeto que centelleaba, alegrándoles la vista a ellos y a todo el bosque. Se acercaba la Navidad.

WordPress.com.

Subir ↑