El castillo maldito

Decían de aquel castillo que  jamás había sido conquistado. Aquello era cierto sólo en parte. Lo que en realidad sucedió fue mucho más rocambolesco de lo que la gente estaba dispuesta a creer. La verdad de lo que ocurrió, si alguien la supo, permaneció oculta con el devenir de los siglos, hasta que sus muros en ruinas me la susurraron cuando pisé sus antiquísimas piedras. 

El castillo era en verdad una fortaleza inexpugnable, y así hubiese permanecido de no haber sido por un traidor. El villano abrió una puerta secreta, apenas una hendidura en el muro de sólida roca que muy pocos conocían o ya habían olvidado, y por aquel agujero penetró el rastrero ejército enemigo, dispuesto a masacrar sin cuartel. Una vez cobrada su felonía, el traidor sin nombre se perdió en la noche con un hatillo y los gritos de alarma resonando en la lejanía. 

Los soldados del castillo lo defendieron con valentía y honor, pero jamás tuvieron su oportunidad. Los superaban en número y los cogieron desprevenidos. Los aceros entrechocaron y la sangre tiñó de rojo las piedras que ya eran centenarias cuando todo esto ocurrió. 

Cuando cayó el señor del castillo, su hija mayor, que practicaba las artes mágicas perdió toda esperanza, contemplando desde su balcón cómo apenas quedaban ya con vida los soldados de su padre. Entonces se retiró al extremo más alejado de la estancia. Susurró su maldición cuando los invasores derribaron la puerta de la torre del homenaje, momentos antes de tomar el venero que tenía oculto en un hueco del muro de sus aposentos. 

Cuando las arañas llegaron ella ya no estaba allí para verlo, pero cumplieron con su voluntad. Extinguieron con rapidez toda vida remanente en el castillo, los pocos supervivientes a la batalla, e incluso animales y plantas. 

A la mañana siguiente no quedaba nada ni nadie, ni siquiera huesos o ropajes. El castillo quedó completamente vacío, para consternación de los aldeanos, que no se explicaban qué podía haber ocurrido. Tan sólo habían escuchado el estruendo de la trifulca a altas horas de la madrugada, y luego el silencio más absoluto. Aquellos pocos, viejos en su mayoría, que podían recordar las leyendas acerca de unas espantosas criaturas que bien serían capaces de tal estrago, que podían anidar durante años y siglos en lo más profundo de los bosques fueron instados a callarse, pues nadie quería dejar siquiera un resquicio a la creencia de que tales bestias, sobrenaturales y terribles anduviesen por aquellas tierras. 

Así pues, el castillo quedó deshabitado y abandonado durante años y años, y con el tiempo el misterio de lo ocurrido aquella aciaga noche pasó al olvido. Mucho tiempo después declararon el lugar monumento y bien local, y se llenó de turistas, que deambularon por estancias derruidas y aposentos sólo reconocibles por los cimientos, mirando con curiosidad pedazos de madera desperdigada por aquí y allá, con una textura muy extraña, como de tela de araña.

El Wolpertinger y el Duende

Érase una vez, un Wolpertinger que vivía en los bosques de Baviera, cerca de Taubensee. El Wolpertinger estaba encogido al lado de un pequeño abeto, llorando. Entonces un duende que pasaba por allí le preguntó por qué lloraba. El Wolpertinger le dijo que estaba triste porque era su cumpleaños y estaba lloviendo.

‘No me gusta cumplir años en invierno. Todo está muy triste y de color marrón o blanco.’ dijo el Wolpertinger, moviendo su nariz rosada y bajando con tristeza su cabeza astada.

Entonces para animarlo el duende le señaló el arcoíris que acababa de salir.

‘Ten en cuenta ‘, dijo con voz chillona, ‘que para que salga el arcoíris primero tiene que llover. ¿No te parece un espectáculo de lo más hermoso? ‘

‘Vale sí, es verdad.’ dijo el Wolpertinger, admirando el arcoíris, que trazaba una curva completa sobre el bosque y además era doble.

El Wolpertinger se secó las lágrimas en el abeto, en donde se quedaron brillando. Sin embargo, seguía teniendo un aire tristón, por lo que el duende se sentó a su lado en una roca y le dijo:

‘¿Sabías que si sumas todas las cifras del número de años que cumples, el número que obtengas es mágico? Dime, ¿cuántos años cumples?’

‘No te lo digo.’ dijo el Wolpertinger, repentinamente tímido y huraño.

El duende suspiró, se bajó de su roca y se acercó al arcoíris. Pasó sus manitas por ambos arcos, y volvió con el Wolpertinger llevando consigo catorce velitas de colores.

‘Toma. Pon esto en tu pastel de cumpleaños, enciéndelas y antes de soplarlas, pide un deseo por cada una de ellas. Te aseguro que se cumplirán, porque es tu cumpleaños y además ésta es una época muy especial, en la que el viejo Yule regresa al mundo. Esto hace, pues, que este día sea algo extraordinario.  Además, nunca olvides que todos los cumpleaños son siempre motivo de esperanza e ilusión.’

El Wolpertinger contó las velas y, asombrado, le preguntó al duende:

‘¿Cómo lo has sabido?’

A lo que el duende respondió:

‘Tu mirada te delata. Tus ojos son los ojos de la sabiduría.’

El Wolpertinger se puso muy contento y abrazó al duende, con patas y alas. Entonces le hizo una última pregunta:

‘Gracias, amigo. Me sentiría muy honrado si festejases conmigo mi cumpleaños. Pero dime, ¿No te doy miedo?’, dijo, con una sonrisilla en la que se entreveían sus colmillos.

Y el duende respondió:

‘No sé de qué me hablas. Yo sólo veo un lindo conejo.’

Y el Wolpertinger celebró su cumpleaños con el duende, con una gran tarta, las velas de colores y muchas luces, al lado del abeto que centelleaba, alegrándoles la vista a ellos y a todo el bosque. Se acercaba la Navidad.

{AVANCE}

¿Qué chica no sueña con ser princesa? Levantarse un día de la cama y descubrir que en un suntuoso palacio la esperan a una, para cubrirla de finas galas y coronar el atuendo con una deslumbrante tiara de diamantes.

Bueno, lo de casi todas es fantasía pura, que se evapora más o menos con la edad. Mas, yo sí conocí a una princesa perdida que vivió el sueño, y os puedo asegurar, que lo interesante es lo que hizo después de despertar.

{Texto completo próximamente }

Tocar la Luna

Publicado en el Número 23 de la Revista Papenfuss , ‘Especial Recuerdos’

Publicación en Papenfuss Num.23

Las intrépidas astronautas ‘las Hermanas’ al frente de la imponente nave ‘la Nocturna’, equipada con la última tecnología de viajes espaciales, encabezan la misión más importante de sus carreras. Su objetivo: conquistar la Luna. La Hermana Comandante a los mandos, con su vasta experiencia de cuatro años, dirige con destreza la Astronave hacia el espacio exterior. A su vez, la Hermana en Jefe gobierna con mano de hierro los entresijos de ‘la Nocturna’. Desde hace ocho años comanda tripulación y pasajeros haciendo que todo marche a la perfección, y la conquista de la Luna pondrá el broche de oro a su impecable trayectoria profesional.

Fuente: Papenfuss Num.23

La misión va a dar comienzo. La Hermana en Jefe inicia el protocolo de lanzamiento.

-Hermana Comandante, ¿combustible?

-¿Qué?

Que si hay combustible suficiente para la misión.

-¿Qué es combustible?

Gasolina. Como lo que le pone papá al coche para que funcione, pero mucha.

-Ah, sí. Sí que tenemos.

-Tienes que decir: check.

-¿Check?

-Check, sí.

-Vale, check entonces.

-¿Víveres?

-¿Qué?

-Comida, que si hay comida.

-Ah, ya. Sí. Digo, check.

-¿Agua corriente y moliente?

-Claro.

-Check.

-Check, vale.

-Entonces, ¡estamos listos para despegar! T-5000 segundos… T-1000 segundos…

-¿Qué haces?

-Cuento.

-¿El qué?

-El tiempo que queda para que salga la Astronave hacia el espacio.

-Ah. ¿Puedo contar yo también?

-Eh, claro. Pero tú conduces la nave, eso es lo más importante. Y, además, aún no sabes contar bien.

-Puedo contar hasta que salga el cohete. Y si hay que contar más, entonces este es un juego muy aburrido.

-También es verdad.

¡Encendiendo motores! El ruido ensordece a todos los que han acudido a ver el despegue. Y ‘la Nocturna’ se eleva en medio de una gran nube de humo, llamas, y la explosión de los propulsores a toda potencia!

-¡Roooooaaaarrrrrr!

-¡Roooooaaarrrrrrrrrr!

-¡Allá va! ¡’La Nocturna’ pone rumbo a la Luna! Ya pueden avistarla en medio de la negrura del espacio exterior. Es redonda, grande, perfecta toda ella, brillando con su resplandor dorado, rodeada de estrellas.

Fuente: Papenfuss Num.23

-Hala, sí, qué bonita.

¡Las Hermanas van a conquistar las estrellas!

-Pero oye, ¿por qué vamos a la Luna?

-¿Cómo que por qué?

-Sí, ¿ahí qué hay?

Eh, pues, unicornios rosas.

-¿De verdad?

-Claro.

-¿Y gatos?

-Por supuesto, está lleno de gatos, ¡todos los que quieras! Todos los gatitos que se escapan de casa se van a la Luna.

Fuente: Papenfuss Num.23

-Ah, vale. Entonces ya quiero ir.

Hermana Comandante, ¡mantenga el rumbo!

Sí, pero es que tengo que ir a hacer pipí…

Hum, vale, pero luego vuelves y mantienes el rumbo.

La misión va viento en popa. ‘La Nocturna’ se dirige rauda a su destino, y la Luna se ve más y más grande a medida que la nave se acerca a la superficie.

Pero entonces, las cosas se tuercen.

-¡Hermana Comandante! ¡Tenemos un problema! No hay suficientes víveres, ¡y la tripulación está furiosa!

-Pues dales Cola-Cao, ¿no? Hay un montón, que papá compró el paquete de la Baticao.

Tienes razón, Hermana Comandante, ¡espero así poder contenerlos!

-¿Qué es eso?

-Es nuestro cuaderno de bitácora. Aquí tengo que apuntar las incidencias de la misión.

-¿Pero eso no era tu diario? ¿Me vas a dejar leerlo?

-Hermana Comandante, ¡mantenga la atención en los mandos!

-Hum, nunca me dejas leer tu diario, hum…

-Hermana Comandante, ¡murmurar no es propio de una astronauta de su categoría! ¡Y tenemos otro problema! ¡Los pasajeros! ¡Que ahora dicen que quieren sus camarotes con vistas al mar!

-Vale.

-¿Cómo que vale? ¡No hay mar en el espacio!

Si desde la playa se ve la Luna, desde la Luna también se verá la playa.

-Creo que eso no va así, pero ¡bien pensado, Hermana Comandante!

-Claro.

-¡Oh no! ¡No puede ser!

-¿Qué pasa ahora?

-¡La tripulación! Que dicen que no están conformes con el Cola-Cao. ¡Quieren Nesquik, y lo quieren ya! ¡Están rabiosos, vienen hacia aquí! ¡Los oigo llegar y aporrear las puertas de la cabina de mando! ¡Motín! ¡Oh no! ¡Motíiin!

-Pero, ¿aún estáis despiertas? A dormir, ¡que mañana hay cole! ¡No son estas horas de jugar!

-Vaaalee… Buenas noches, mamá.

-Venga, ¿estás bien tapadita? Qué manera de desvelar a tu hermana pequeña.

-Mami, ¡hemos ido al espacio!

-Sí, pero nos has interrumpido antes de poder tocar la Luna.

-Qué cosas tenéis. ¿Qué les has hecho a las sábanas? Mañana continuáis y llegáis hasta Saturno. Pero durante el día, antes de cenar.

-Saturno. ¿Dónde está eso?

-Sí, ¿se ve desde la playa?

Fuente: Papenfuss Num.23

-Venga ya vale, ¡buenas noches niñas! ¿Os dejo la lamparita de noche encendida? Creía que habíais dicho que sois ya mayores para usarla…

-Mamá, ¡no toques la Luna!

La planta prodigiosa

Doy fe al lector que se adentre en estas páginas, de que el escrito que tiene en sus manos es cuanto menos insólito. Se trata de la transcripción de unos pergaminos de incalculable valor escritos por los Monjes del Antiguo Mu. Éstos son una orden de místicos que desde el origen de los tiempos viven apartados del resto de la civilización, según sus propias doctrinas y cronología, en un enclave muy secreto.  Se sabe muy poco de ellos, salvo algún dato geográfico indefinido y que viven y trabajan a la manera de los antiguos. No obstante, un confidente infiltrado con indudable riesgo para su salud, nos ha hecho llegar los pergaminos por mor del enriquecimiento de la civilización occidental.

Los originales de los documentos que tiene el lector en sus manos datan del año 329 de la Era del Escorpión Retorcido, y en ellos, aquellos monjes aislados del resto de la humanidad, relataron el testimonio de las aventuras y desventuras a lo largo de los tiempos de un ser peculiar en todo el planeta.

Dicho ser particular es … una planta. Un organismo vegetal por el que se sucedieron batallas, grandes pasiones y micciones regulares, según los Monjes del Antiguo Mu de la Era del Escorpión Retorcido.

Traducido lo más fielmente posible a la lengua castellana desde su complicado dialecto, y habiéndose conservado en lo posible la ortogramática y la idiosincrasia original para análisis y divertimento del lector, el testimonio del monje anónimo reza como sigue (con la traducción sospechamos que se ha perdido algo de contenido, pero aseveramos que lo hemos entendido todo correctamente).

Rogamos que no se asuste.

Día 5 del Mes del Azulejo Granívoro:

Hete aquí que tengo en mis manos un arbustae de la familia de las assam-icas, de follias medio ovaladas medio aserradas, de color verde como el del rostro del hermano Chu-Lin cuando se le indigestan las acelgas. Las floraes son blancas de cuatro pétalos con el centro amarillo y las fuertes raíces se agarran a la tierra con una determinación como la del hermano Chu-Lin cuando se agarra al retrete. El plantae es de lo más interesante, peculiar y misterioso, y vamos a estudiarlo con todas las técnicas sumamente místicas y secretas que nos, los sagrados siervos del Divino Mu perdidos en mitad de la nada que… digo, enclavados en lo alto de la Montaña Eiiiaggallaröjuy, volcán en activo, poseemos y transmitimos de generación en generación.

Día 7 del Mes del Azulejo Granívoro:

He empezado a trabajar con el plantae. El hermano Lu-Ni me ha traído una solución de catorce carbonos con dieciocho hidrógenos, y dos nitrógenos con cinco oxígenos con la que pretendemos hacer “cantar” al folliaje. Dicen las ancestrales escrituras que hace justo eso, cantar. Los antiguos en numerosas ocasiones no dejaban nada claro con su lenguaje harto ambiguo. Me tomo un descanso mientras medito en solitario viaje por los parajes del Eiiiaggallaröjuy, cuyo nombre explica perfectamente que puede explotar en cualquier momento. Dejo el plantae un mes sumergidas sus fuertes raíces en la solución de catorce carbonos con dieciocho hidrógenos, y dos nitrógenos con cinco oxígenos, para despertar sus taninos, serotoninos y cuerdae vocale. Después, con nuestros más secretos rituales, cánticos, rezos y murmuraciones procederemos a conectar filosóficamente, plantae y nos.

Monje budista. Fuente: salir.com

Día 10 del Mes del Colibrí Colorado:

Divino Mu. Qué hemos hecho. Los antiguos, que el Divino Mu tenga en el fondo del Eiiiaggallaröjuy, no explicaron bien qué era esto de “cantar”. El plantae ha aprendido a hablar y no se ha callado. Nunca, en más de un mes. Eones de plantaes silenciosos pesan sobre su pequeña y vegetal esencia y tiene mucho que decir. Me duelen todos los miembros de transcribirlo todo. En ocasiones me dan ganas de arrancarle todos SUS miembros, tan verdecitos y locuaces todos ellos.

Esto es un resumen de todo aquello que ha dicho hasta ahora en su extraña jerigonza la malnac… el pequeño milagro vegetal, en un coro de vocecillas irritantes, tantas como follias tiene, así como mis réplicas, tan pacíficas y zenes como se puede esperar de un sagrado siervo del Divino Mu que NO alberga instintos asesinos:

Ouuuaaah, ¡buenos días! Oye, qué calvo te vemos, no te vendrían nada mal unas cuantas hojas ahí arriba. Qué bonito es esto, ¿no? Oye, ¿por qué sale humo de esa montaña tan rara de ahí arriba?

Eso es el Sagrado Monte Eiiiaggallaröjuy, un poderoso volcán activo. Nos gusta estar cerca de los regüeldos del dios.

Aaaah, qué interesante. Y qué raro. Vale otra cosa, nos ha encantado esto que nos has puesto para comer. Queremos más. Mucho más. Ya no podemos vivir sin esta sustancia tan deliciosa. Creemos que en los años venideros haremos muy buenas migas, nuestra esencia y la suya (*). Oye, de verdad de verdad que te quedaría mucho mejor algo más de vegetación en la testa. Nos aburrimos, ¿por qué nos has despertado tan pronto? Pregunta, ¿qué quieres saber? Dispara, que queremos volvernos a dormir. Y un tanque de esa cosa dulce, si no te importa, por favor.

Mmmm… No-te-importa-mi-pelo-muchas-gracias. Nos, los humildes siervos del Divino Mu, queremos saber, para conocimiento de las naciones venideras, tu nombre, oh plantae desconocido, tus propiedades, tu origen y el testimonio de tu paso por el mundo, para que quede escrito en el sitio donde están escritas las cosas.

Ah, ¿sólo eso quieres? Bueno, entonces tenemos para rato, esperamos que no tengas nada mejor que hacer. Nuestro nombre completo es algo que tendrás que ganarte, porque somos una variedad sumamente rara y preciada, muy diferente al resto de nuestras hermanas menores. De momento conténtate con que en la transliteración antigua Peh-Reh-Jil de la lengua de nuestra tierra, nuestra asombrosa estirpe se conoce comúnmente como Té.

Camelia sinensis

¿Y de dónde viene vuestra asombrosa estirpe?

A eso iba, paciencia, nuestro buen calvorota. Venimos de la tierra del Sol Naciente, donde las civilizaciones más antiguas del planeta ya hablaban maravillas de nosotras, de nuestras magníficas propiedades y centenares de hombres partieron en nuestra búsqueda, porque éramos más valiosas que el jade. Somos más verdes que el jade.

Glumpf. Tenéis una alta opinión de vosotras mismas. ¿Y decís que hace tantísimo que se conocen vuestras propiedades?

Por supuestísimo, oye. El legendario emperador Shennong afirmó hace miles de años que nuestras infusiones tenían el poder de curar el cansancio, tumores, abscesos y problemas de vejiga.

¡Vaya! ¿De verdad?

Y tanto, el legendario emperador Shennong tenía todo eso, y también cierta tendencia a la irritabilidad. Es lo que pasa cuando no puedes hacer pis felizmente, y no hablemos de poder sentars… ¡FLUP! … ¡Oye! ¡Que eso es nuestro! ¿Por qué, en nombre de todos los inframundos, nos arrancas?

Es que yo también tengo un absceso y sentarse es de lo más incómodo…

Pues inventas los cojines ergonómicos. ¡FLUP! … ¡Que dejes nuestras hojas en paz!

Vale, vale, continuad, os lo ruego.

Las manazas quietas. Bueno, después de que nuestras asombrosas propiedades se conocieran allende los mares, otra poderosa civilización quiso venir a por algunas de nosotras, y montaron sobre grandes elefantes para cruzar las altísimas cadenas montañosas en pos de la planta milagrosa que…

Creía que lo de los elefantes había sido por otra cosa.

¿Quién estaba ahí, tú o nosotras? Haz el favor de callarte o cerramos las bocas.

Ya-me-gustaría-a-mí-verlo … No, por favor, seguid, seguid.

Aníbal cruzando los Alpes. Fuente: Academiaplay.es

Y de camino se encontraron con otros que gritaban cosas como ¡por Júpiter! Y ¡por Saturno! Y las primeras grandes batallas se sucedieron para dirimir quién se quedaba con la planta sagrada.

¿Pero aquella lucha no fue por la conquista de Roma?

¡Fue por NUESTRA conquista! Si no, ¡díselo a las pobres hermanas que murieron para solucionar la halitosis del César!

Asombroso. ¿Y qué pasó luego?

Luego, viajamos en el zurrón de un druida hasta unas islas más al Norte de lo que habíamos estado jamás, y en esas islas habrían de apreciarnos como en ningún otro lugar de los cinco continentes, por nuestro sabor y textura junto con el agua hervida que tanto les gusta, hasta el punto de que dejaban de luchar contra los invasores que seguían gritando ¡por Júpiter! a las cinco de la tarde, para tomar una tacita de delicioso yo.

Ejército romano

¿Así que ya habéis estado en Gran Bretaña?

Por aquél entonces se llamaba Britannia. Pero sí, y aquella civilización fue finalmente conquistada y perdida, pero nosotras perduramos con los siglos, y llegamos a manos de los Templarios.

¿Los mismísimos Templarios?

Claro. ¿Sabes quiénes fueron?

Lo que sabe todo el mundo. Se supone que fueron una poderosa orden militar cristiana que protegía a los peregrinos a Jerusalén en las primeras Cruzadas… y existe la leyenda de que en Tierra Santa buscaban el Santo Grial… Espera. A ver si adivino. ¿A que no había tal Grial?

Exacto. También éramos nosotras el objeto de deseo de la Orden del Temple.

¿Cómo es posible…?

Bueno, desde la traducción de nuestro nombre en chino mandarín “Chá” al hebreo antiguo, de ahí a la lengua de los sarracenos (a los que también gustamos) y de ahí al latín indoeuropeo y de ahí a las variantes románicas… se pierden cosas.

¿¡Entonces el TÉ es el Santo Grial!? ¡Hay que reescribir la Historia entera! ¡Hermano Mu-Shu! ¡Trae el Códice Grandísimo del scriptorium!

Ejército Templario. Fuente: abc.es

Pero espera, ¡que aún no hemos acabado de contarte nuestra historia!

No, si ya sé cómo acaba. Ahora me diréis que los grandes conquistadores que partieron allende los mares en una peligrosa ruta hacia las Indias fueron para encontraros y llevaros al fin a Europa, ¿verdad?

¿Cómo lo has sabido?

Intuición de monje que ha visto y oído demasiado. Necesito inventar las vacaciones remuneradas. Debemos transcribir todo esto antes de que se pierda. Pero primero, ¿Nos diréis qué tipo de té tan especial sois?

Bueno, creemos que os lo habéis ganado. Como sabes, somos la Camellia Sirensis, “Té” para los modernos, de la rara variedad de… ¡FLUP!

¡Hermano Mu-Shu! ¿¡Qué has hecho!?

Es que yo también tengo un absceso y hace rato que este plantae charlatán no me deja dormir. Quiero comprobar si también funciona para el insomnio.

¿Plantae? Hola, ¿¡Plantae!? Perdonadnos, os lo ruego. El infractor será sacrificado por vuestro perdón. ¿Hola? ¿Ahora os calláis, en serio? Hermano Mu-Shu, vete un rato a rastrillar arena o lo que quieras y apártate de mi vista, o te mando de retiro perpetuo al fondo del Eiiiaggallaröjuy.

Y ya está, no nos ha llegado a nuestra civilización más información acerca de este desconocido “tê à tê” interespecie. Los traductores del manuscrito confiamos en que el monje anónimo no fuese demasiado duro con su compadre y que acomodase con esmero al plantae… digo, a la planta de té en un lugar confortable con vistas a un Eiiiaggallaröjuy en calma, y con una buena provisión de catorce carbonos con dieciocho hidrógenos, y dos nitrógenos con cinco oxígenos. Esperamos además que el lector de estas páginas haga buen uso de aquello que aquí ha sido revelado. Y le deseamos mucha suerte si emprende su propia búsqueda personal de tan especial variedad de té tal y como hicieron grandes personalidades, ficticias o no, a través de los tiempos.

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